sábado, 6 de agosto de 2011

El Submarino Amarillo: Una propuesta cultural en La Habana para los amantes de la música de Beatles -


























El local es cita obligada dentro del circuito musical habanero.-

Por Juan Mellado.


La Habana también tiene su encanto musical: una vieja aspiración es el Submarino Amarillo desde la esquina que conforman las calles 17 y 6 del Vedado , donde habitan desde el pasado 5 de marzo, los cuatro grandes de Liverpool, un nuevo centro cultural que lleva la marca inconfundible de los Beatles, como muestra de su legado para la memoria musical de la Isla.

El que esto escribe, un servidor de ustedes, conoció el pasado mes de julio este local lleno de encanto, ubicado además junto al parque Lennon, donde se encuentra la estatua del genial músico. Abren a las nueve de la noche. Una hora antes se forma una cola para coger sitio y entrar. Es lo que allí se llama “marcar” y aquí “dar la vez”.

El público es muy heterogéneo, desde importantes músicos, sinfónicos, roqueros, trovadores, pintores, poetas, narradores, cineastas, periodistas, jóvenes y sobrevivientes de los 60, beatlerianos y viajeros que se dan cita en este local.
El precio o Cover para entrar es muy barato, dos cuc, y las bebidas no son caras y de buena calidad. Aunque lo mejor es su ambiente: un local decorado con fotografías, dibujos, citas y creaciones en torno al cuarteto de Liverpool.

Una cuidada selección de videos musicales de los 70 y 80 preferentemente y la actuación de un grupo distinto cada día hacen las delicias del visitante. La norma del Submarino es que cada grupo cante preferentemente un 50% temas de Beatles. En el día de mi visita, anunciaban la actuación de “Los Gafas”, un grupo conocidísimo en Cuba desde 1968.Ellos están ya muy creciditos pero ponen delante a dos jóvenes chicas que cantando están a reventar y de lo otro también. Con esa tarjeta de visita les perdono el llamarse los Gafas. Bromas aparte, Los Gafas son unos auténticos profesionales que dirigidos por Efraín Rodríguez hacen las delicias del auditorio que al final acaba bailando sus canciones. Un mes después todavía recuerdo ese ambiente sano de la noche habanera y prometo volver si Yemayá lo tiene a bien.

El periodista y crítico Guille Vilar y el investigador Ernesto Juan Castellanos, son los encargados de la producción musical, de este nuevo espacio cultural “diseñado para el recuerdo y la justa evocación del grupo y su obra, que es y ha sido —al decir de uno de sus principales promotores, el propio Guille Vilar —, parte imprescindible de nuestra cultura nacional”.

El Submarino Amarillo se convierte así en un atractivo sitio que al que acudir en las agradables noches habaneras .Al abrir la escotilla del nuevo recinto se deja escuchar su música. Volvemos a encontrarnos con lo mejor de la música de Beatles. Los diseñadores de este local han sido Elizabeth Rojas, Maikel Sánchez y Rafael Mateu, por encargo de la empresa estatal Artex.


Para el músico cubano Leo Brower que celebró sus 72 cumpleaños en la inauguración del local “los Beatles significaron un salto de calidad tan grande que se tornaron en ejemplo universal. La música popular en su mayoría puede ser repetitiva, mimética, y su relación con el dinero muchas veces es sospechosa. Eso no ocurrió con los Beatles. Se separaron de la industria del disco”.


El escritor y periodista Gabriel García Márquez escribió en una ocasión: “tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo cambió entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar...”.

El Sargento Pimienta y su banda de Corazones solitarios se han establecido definitivamente en La Habana, en un Submarino Amarillo, desde donde no se dejará de escuchar: We all live in our yellow submarine / Yellow submarine, yellow submarine. / And our friends are all on board / many more of them live next door / and the band begins to play".


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Fuente:
-Elaboración propia y a partir de un texto de Nirma Acosta y René Hernández en La Jiribilla

1 comentario:

María dijo...

¡Gracias por compartir tus vivencias habaneras!

Besos